Paranóicos.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Retoños muertos de primavera.

11 PM

Londres nunca duerme. Yo, casi nada.  
Han pasado 5 años desde la primera vez que te ví. Dos de la última. 
He visitado nuestro banco,  es el más francés de toda la ciudad, me atrevería a añadir. Es allí donde siento la estrechez de los extremos. Una sonrisa que me raja la cara, o una tempestad que me ahoga.
Ahora has vuelto. Yo no me había olvidado de ti. Me acordaba cada poco en una frecuencia de sesenta pulsaciones. 
Pero no quiero hablar de mí, no por ahora. Cuéntame. ¿Cómo está París? Recuérdame a qué olía la Rue Rivoli. Parodiemos a Godard en una carrera por el Louvre. Sintámonos en armonía en Montmartre ; yo seré Rimbaud, tú Verlaine. La renuncia perfecta a todo lo establecido. 
Luego, cuando anochezca, llévame a donde yace el Rey Lagarto y no me impidas llorar si la emoción  acumulada se refleja en ese momento, tan real como las lágrimas que salpican este papel dónde escribo.
Con el veranó el frío desaparece. Con el verano el espíritu rejuvenece.

lunes, 14 de mayo de 2012


El tulipán me encerraba cual presa de mí misma. Sentía el vaivén de la corriente del río y ningún por qué vigente a mi caída. No me lo explico. Yo era feliz, o eso creía. Me gustaba el tacto de su barba sobre mi mejilla, su acento británico y la profundidad del color de sus ojos. Siempre pensé que tales momentos en la ciudad serían el culmen gráfico de mi bienestar anímico. No obstante, ahí estaba, sin destino aparente y presa en el azul de los pétalos.
Mi concepción de espacio tiempo había sido devorada por el moho soluble de las aguas, pero no mi percepción. El capullo ya no se tambaleaba. Me atreví a atravesar con el brazo mi prisión o refugio, como queráis verlo , y no me sorprendí al tocar tierra. Flashes iban y venían en mi cabeza.  Me sentí etílica  en el puerto como la primera vez, y creí entablar aquellas conversaciones de música contigo, como si el tiempo se detuviera. La imagen de mi padre también formaba parte de la película. Sin embargo, aquello no era ni puerto, ni hogar.
El olor a pan recién horneado, la poesía misma hecha lengua. Francia, París, Montmartre. Y ahí estabas tú, como individuo indiferente presa del colectivo, pero como elemento destacable adherido a mi niñez.
Caminé hacia el banco. Te veías ausente. Yo, en cambio, minoría absoluta frente a la grandeza del Sacré Coeur.
-    
Nunca supe si realmente tocabas la guitarra.

Me miraste con sorpresa y acto seguido, nos degradamos en el azul bajo la música de un vulgar acordeón.

martes, 25 de octubre de 2011

-¿De qué murió?-
-Se asfixió con las palabras que nunca dijo.-

martes, 11 de octubre de 2011

La ventana se cerraba.
La puerta,tras ella,también.
Dijiste que me querías.
¿Ahora quién quiere a quién?

Soñabas hojas verdes.
Respirabas el cristal.
Dormías en el sueño.
Bebías, ¿para qué más?

Tus palabras transformaban
lo intangible en realidad,
tu boca, mientras hablaba
me hipnotizaba cual chaval.

Ahora solo queda,
de ello, mi tempestad.
Buenos días, buenas noches,
media vida, y mil reproches.

domingo, 9 de octubre de 2011

En el contrato carente de palabras yo reflejé que nada se antepondría en mi camino. ¿Pretendes hacerlo tú?
Aparta.
Nuestras manos entrelazadas no hacían nada más que batallar camufladamente.
Quita.
Transformaste mi cara en una media sonrisa pintada de tonalidades ilusas.
Fuera.
Mi camino se compone de varias sendas, si crees que con bloquear una derrumbas mi huesudo cuerpo al suelo, permíteme ser irónico.
Erra, camina, marcha, lejos.
Mi equipaje aguarda, el tren se pondrá en marcha dirección utopía.
Sé feliz, o púdrete, en este punto la brocha con la que te pintaba vuelve a presentar cualidades inertes.

sábado, 8 de octubre de 2011

Entonces parpadeaste y el mundo experimentó un pestañeo que hizo vibrar hasta la más recógnita vena que habitaba dentro de mí. Me jactabas tanto como el vaso de vodka matutino bajo el frío de la noche de mi malva octubre. Confortablemente entumecedor.

sábado, 1 de octubre de 2011

No hay nada que me da más asco que la mentira. El ser humano, tan cobarde hasta en el momento en el que se produce ese enfrentamiento tan cercano con la realidad. ¿Huír o plantar cara? Huír mediante la palabra, si es que se puede, sir.
El yo de antes se hubiese sentido aplastado cual gusano, roto y quebradizo, sin ways out por lo que continuar evitando colapsos. Auto-stop eterno, pulgar debilitado. Mientras tanto el cabrón en el que la vida me ha transformado no se sobresalta ya por tales comportamientos, vive en éxtasis al descubrir alguien que aparentemente no cumple esos parámetros. Aparentemente, claro está. No descarta la opción de que más adelante se introduzca en la cocina, coja el cuchillo, y puñalada en un aquí te pillo aquí te mato literal.
La tierra cada vez está más contaminada, se aferra al cosmos para poder respirar. Lástima; aún no se ha dado cuenta que los pulmones le han sido arrebatados millones de años atrás.